Fabricar vs. comprar talento: formación dual y escasez de perfiles

La escasez de talento obliga a cambiar de enfoque. Descubre por qué la formación dual es la forma más rentable de desarrollar perfiles clave.

4/15/20266 min read

Durante años, la mayoría de las empresas ha gestionado el talento con una lógica muy simple: si necesitas una capacidad concreta, sales al mercado y la compras. Publicas una oferta, entrevistas perfiles con experiencia y eliges al candidato que, en teoría, ya viene preparado.

El problema es que ese modelo está dejando de funcionar.

No porque seleccionar bien haya dejado de importar. No porque el reclutamiento externo haya perdido valor. Sino porque el mercado ya no está generando, en volumen suficiente, los perfiles que las empresas necesitan para sostener su crecimiento. El desajuste es evidente: el 97% de las empresas reconoce tener dificultades para cubrir vacantes y la principal barrera sigue siendo la escasez de perfiles cualificados .

Ahí es donde muchas organizaciones siguen cometiendo el mismo error: reaccionan intentando comprar mejor un talento que ya es escaso, más caro y más difícil de fidelizar. Más portales, más filtros, más exigencia, más tiempo invertido en procesos que se alargan sin garantizar el encaje.

Pero la pregunta que empieza a marcar la diferencia no es “dónde encontramos a ese perfil”, sino otra mucho más estratégica:

¿Tiene sentido seguir comprando talento fuera si podemos empezar a construirlo dentro?

En Alfa New Talent creemos que esta es una de las conversaciones más importantes que una empresa puede tener en 2026. Porque la escasez de perfiles especializados no se va a resolver solo con mejor captación. Se resuelve combinando selección, estructura y desarrollo real. Y ahí la formación dual deja de ser una alternativa interesante para convertirse, en muchos casos, en la opción más rentable y más sensata.

El modelo de “comprar talento” ya no escala como antes

Comprar talento sigue siendo necesario. Hay posiciones críticas, momentos de crecimiento y necesidades urgentes que exigen incorporar a alguien con experiencia desde el primer día. Negarlo sería simplificar demasiado.

El problema aparece cuando toda la estrategia de talento depende de eso.

Cuando una empresa solo sabe crecer comprando perfiles ya formados, entra en una dinámica frágil. Depende del mercado, de la disponibilidad externa, de las expectativas salariales, de la competencia y del timing. Si el perfil existe, compite por él. Si no existe, espera. Y si lo encuentra, aún queda una pregunta igual de importante: ¿se quedará?

Ese modelo tiene tres costes que muchas empresas siguen infravalorando.

El primero es el coste de captación. Cada vez cuesta más tiempo y más dinero encontrar perfiles especializados. No solo por salario, sino por horas de búsqueda, entrevistas, validaciones y procesos que se alargan.

El segundo es el coste de desajuste. Que una persona tenga experiencia no significa que encaje en tu cultura, en tu ritmo ni en tu forma de trabajar. La experiencia reduce incertidumbre técnica, pero no elimina el riesgo de desconexión.

Y el tercero es el coste de dependencia del mercado. Cuando toda tu estrategia consiste en captar fuera, tu crecimiento deja de depender de tu capacidad de construir y pasa a depender de lo que el mercado te quiera ofrecer.

Ahí es donde muchas empresas se bloquean.

Fabricar talento es diseñar una vía de crecimiento

Cuando hablamos de “fabricar talento”, no hablamos de formar de manera superficial ni de incorporar perfiles junior para ver qué pasa. Hablamos de una decisión estratégica: crear una estructura que permita desarrollar internamente las capacidades que el negocio va a necesitar.

Eso exige método.

Y aquí entra la formación dual como una herramienta especialmente potente, porque resuelve una de las grandes carencias de muchos modelos formativos: la distancia entre aprender y producir.

La formación dual combina aprendizaje estructurado y aplicación real en el puesto. No separa teoría y práctica. Las conecta. La persona no aprende primero para empezar a aportar después. Empieza a aportar mientras aprende, con acompañamiento, contexto y una ruta clara de evolución.

Eso cambia completamente la lógica del desarrollo.

La empresa deja de esperar a que el candidato ideal aparezca ya hecho y empieza a construir perfiles adaptados a su realidad, a su operativa y a su cultura.

Por qué la formación dual

La formación dual no es valiosa porque suene moderna. Es valiosa porque encaja con el problema actual.

Hoy el mercado no solo tiene escasez de talento. Tiene una brecha entre lo que las empresas necesitan y lo que los perfiles ofrecen. Y esa brecha no se resuelve únicamente con reclutamiento.

Se resuelve de tres formas: captando mejor, definiendo mejor, y formando con más intención.

El propio estudio de Pluxee refleja otra contradicción muy relevante: solo el 48,7% de los empleados tiene acceso a planes de formación, pero el 88,8% considera la formación clave para decidir si unirse o permanecer en una empresa . Es decir: el talento no solo quiere mejores condiciones; quiere desarrollo real.

Esto convierte la formación en algo más que un beneficio. La convierte en una palanca de atracción y permanencia.

La formación dual responde a eso porque permite:

  • incorporar perfiles con potencial, no solo perfiles terminados,

  • reducir el desfase entre necesidad real y perfil disponible,

  • acelerar la adaptación al negocio,

  • y generar más vínculo con la empresa desde el inicio.

No es una promesa abstracta. Es una estructura concreta.

La rentabilidad no está en contratar más rápido, sino en equivocarte menos

Uno de los errores más frecuentes cuando se compara reclutamiento externo con desarrollo interno es analizar solo el coste inmediato.

Se piensa así:

  • contratar experiencia = más caro al inicio, pero más rápido;

  • formar talento = más lento, más exigente y menos productivo al principio.

La realidad es bastante más compleja.

Un perfil externo con experiencia puede arrancar antes, sí. Pero también puede salir antes, exigir más adaptación cultural, generar menos identificación con el proyecto o no encajar en la forma de trabajar. Cuando eso ocurre, el coste total se dispara.

En cambio, un perfil desarrollado con una lógica dual suele empezar más progresivamente, pero también:

  • entiende antes el contexto,

  • interioriza mejor los procesos,

  • se adapta con menos fricción,

  • y genera una relación más sólida con el proyecto.

La rentabilidad, por tanto, no debe medirse solo en velocidad de incorporación. Debe medirse en estabilidad, curva de aprendizaje útil y permanencia.

Y ahí, en muchos casos, la formación dual gana.

Se trata de saber qué necesita cada rol

Sería un error plantear este debate como una sustitución total. No todos los puestos deben cubrirse igual. No todas las empresas están en el mismo momento. No todas las funciones admiten la misma curva de aprendizaje.

La decisión inteligente no es ideológica. Es estratégica.

Hay posiciones que conviene seguir captando fuera porque exigen autonomía inmediata o experiencia acumulada difícil de acelerar. Pero hay otras muchas donde seguir compitiendo por perfiles “ya hechos” es ineficiente.

Ahí la formación dual ofrece una ventaja clara: permite crear una cantera real para posiciones recurrentes, escalables o de difícil cobertura, sin depender por completo del mercado externo.

La pregunta no es “qué modelo es mejor”. La pregunta es:

¿Qué parte de tu crecimiento quieres seguir dejando en manos del mercado, y qué parte estás dispuesto a construir tú?El cambio de mentalidad que muchas empresas aún no han hecho

La formación dual no funciona por sí sola. Igual que un buen proceso de selección no funciona si luego no hay onboarding. Igual que una incorporación prometedora no funciona si el liderazgo no acompaña.

Para que funcione, hacen falta tres cosas:

  • un sistema de integración claro,

  • una figura real de acompañamiento,

  • y una visión concreta de qué competencias se quieren desarrollar y para qué.

Si no existe eso, la formación dual se convierte en mano de obra barata o en un parche operativo. Y ese no es el objetivo.

El objetivo no es cubrir un hueco. Es construir una capacidad.

La escasez de perfiles especializados no se va a resolver esperando a que el mercado produzca exactamente lo que cada empresa necesita. Esa etapa ya ha cambiado.

Las organizaciones que mejor se adapten serán las que entiendan que el talento no solo se compra. También se diseña, se forma y se acompaña.

Comprar talento seguirá formando parte de la estrategia. Pero no puede ser toda la estrategia.

La formación dual representa algo mucho más importante que una vía de incorporación: representa un cambio de mentalidad. El paso de depender del mercado a empezar a construir una ventaja propia.

Y en un contexto donde captar talento es cada vez más difícil, eso no es innovación. Es supervivencia.

¿Tu empresa está dependiendo demasiado del mercado para cubrir perfiles que podría empezar a desarrollar internamente?

En Alfa New Talent ayudamos a conectar selección, onboarding y desarrollo para que las incorporaciones no dependan solo de encontrar perfiles fuera, sino de construir equipos más estables, rentables y preparados para crecer.